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30 de enero de 2019

Influencia árabe en la llanura pampeana

Pedro de Mendoza arriba al Río de la Plata en 1536, y a partir de ese momento comienza un sutil arraigo de enlaces culturales entre el mundo árabe y la cultura rural de nuestra pampa, siendo España en su conquista el eslabón que permitió, sin proponérselo, este enlace a lo largo del tiempo.

El gaucho es, sin duda alguna, el fenómeno más notable de adaptación en el hombre de campo argentino con características árabes semíticas, mezcladas con las andaluzas e indias; así lo expresa Evedith A. Hosni de Giorlandini[1]:  «En la vieja España, al conductor de ganado se lo llamaba “chaucho”, de “chauch” o “wash”, que en árabe significa “arreador de animales”, aunque reconoce otras acepciones: montaraz, bravío, arisco, indómito, etc. Cuando los moros invadieron España, introdujeron esas palabras y se modificaron por chaucho; los españoles de origen andaluz trajeron el vocablo a nuestro país y los criollos mestizos lo pronunciaron «gaucho», y serían ellos los que sentaron las bases de la primera fundación de Buenos Aires en 1536. A partir de ese momento las corrientes migratorias dejan su impronta en nuestro país, tanto en forma directa como indirecta. 

Si bien existen otras posturas con respecto al origen de la palabra «gaucho», es indudable que guitarra, recado, alpargata, julepe, zaíno, haragán, vihuela, chiripá y taba son algunas de las tantas voces de origen árabe que se encuentran en el vocabulario diario en la vida del gaucho, hombre de a caballo de la llanura pampeana, mestizo de español e indio, con características comunes al beduino árabe.

La historia de la cultura árabe y su influencia en el continente americano no comienza en el siglo XIX con las grandes oleadas de inmigrantes, sino, por el contrario, los primeros  contactos que América tuvo con la cultura árabe se hicieron a partir del 12 de octubre de 1492.

Varios pueblos del mundo han llegado al continente americano. Todos, de una manera o de otra, dejaron su impronta, pero ninguno estuvo desde el mismo momento en que Colón llega a estas tierras, como lo estuvo el pueblo árabe a través de su cultura después de ocho siglos históricos en la península ibérica.

Pedro de Mendoza, en 1536, trae consigo caballos y un moro venía cuidándolos[2]. El caballo árabe, tordillo y señorial, fue el factor de acercamiento más importante entre el árabe y el gaucho; según Rodríguez Molas[3], «… la llanura bonaerense recibe en el siglo XVI el aporte del Viejo Mundo con su sangre, sus costumbres y sus animales». Y este gaucho recibe la sangre española-árabe, y sin duda hereda su fisonomía, su valor, sus costumbres y, por ende, su cultura. El caballo, la vestimenta, los juegos, la comida y los modismos fueron, entre otros elementos, los aportes de la cultura árabe, que formaron y modelaron al gaucho pampeano.  En cuanto al gaucho de las pampas argentinas, analizado cientos de veces, tiene un común denominador en todas las investigaciones: independiente, viril, altivo, servicial. Y para que se comprenda la dualidad de conceptos, vale la pena leer esto que escribió Henry Armaignac[4] (médico y geógrafo francés que entrevistó a Catriel) en 1871:

Son chicaneros, borrachos, orgullosos, presuntuosos, derrochadores y perezosos: pero redimen la mayoría de sus defectos por su generosidad, desinterés, resistencia a la fatiga o la intemperie en cualquier clima, paciencia a toda prueba y sobriedad en su vida […]. El gaucho es generalmente tranquilo, frío y ágil jinete. Muy cortés, humilde, dócil, hospitalario, compasivo, servicial, buen padre y esposo. Es gran amante de la poesía, admira la naturaleza y contempla todo aquello que es bello. Espíritu melancólico, enemigo de las ideas abstractas y sutiles, expresa en un lenguaje simple y armonioso los pensamientos y sentimientos más elevados […].

El gaucho ama la libertad y se aferra a ella. La pampa es su aliada, lo forma silencioso, con la soledad del camino, junto a su caballo entre pastizales y pajonales; con el viento siempre en su entorno. Su canto expresa el misterio de la pampa que lo formó silencioso, al igual que el desierto formó al beduino.

Fatalista (como el árabe), creía en Dios; de religión cristiana, pero no asiduo practicante. Llama nazarenas a las espuelas[5] y las tres marías a las boleadoras[6].

El saludo cotidiano «Vaya usted con Dios» tiene correspondencia con el «Dios te acompañe» (Ala maek) de los árabes; también la típica expresión del gaucho «¡Ojalá!», con el «¡Inshallah!» árabe.

En juegos como las carreras cuadreras[7], de sortija[8], el pato[9], la yerra[10] y la doma[11], el caballo  de sangre árabe es su fiel compañero; además, muchos de estos entretenimientos tienen raíces árabes, y como consecuencia lógica el gaucho, haciendo gala de sus orígenes, se destaca en ellos.

Otros entretenimientos, como por ejemplo «la taba»[12] y los «dados»[13], son juegos que hasta el día de hoy se siguen practicando en la zona rural pampeana; si bien es cierto que hay diferentes opiniones sobre su origen, todas las versiones dejan entrever que también los árabes practicaban estos juegos y los dejaron plasmados en la impronta española que se traslada a nuestra región.

El juego de mesa que identifica no solo al hombre de la zona rural, sino a los argentinos en general, es el juego de naipes, en especial el truco[14].

Al gaucho, después de la jornada y entre mate y mate, una partida de truco le permite relacionarse con sus compañeros de labores, ya sea en mitad de la llanura, a la sombra de un árbol o en la pulpería.

Conocedor de la pampa por la aguada, el pasto, las aves, el viento, conformó un tipo especial en un medio ambiente también único. Ha sido hospitalario y desprendido de lo material.

Participó en las guerras de la independencia, donde demostró su valentía y coraje en las filas de los ejércitos de San Martín y Güemes. Lanza y guitarra fueron los símbolos de su carácter; su música, su canto y su capacidad para la observación lo hermanaban con el beduino, y en las pulperías[15] hizo el deleite de los parroquianos allí reunidos. Su vestimenta, compuesta de chiripa[16], chaleco corto, camisa sin abotonadura, poncho, botas, faja, pañuelo al cuello, sombrero, rastra[17] y tabaquera, le daba presencia e idoneidad. 

La bombacha de campo, con sus pantalones muy amplios que se angostan en el tobillo, remplazará al chiripá; los cronistas y viajeros europeos así lo constatan, como las acuarelas, las litografías y los uniformes militares. Esta prenda constituye una característica particular en la indumentaria del gaucho argentino, que también tiene origen árabe, en especial en lo que constituía el imperio turco en el siglo XIX.

El desierto iguala al gaucho y al beduino, quienes cultivaban la amistad entre sus iguales,  comían en el mismo fogón mientras tocaban la vihuela (guitarra), tomaban mate[18] y contaban sus historias.

El gaucho argentino y el campesino árabe sedentario (fellah), agricultor, sin excluir al nómada del desierto, tienen sentimientos afines, como el amor a la tierra, a los elementos de la naturaleza, instinto de libertad, respeto a los símbolos, y son poetas que vuelcan en su canto sus penas, rebeldías, alegrías y nostalgias acompañados por la guitarra, instrumento musical común en ambas culturas. Son sensibles, nobles y sufridos.

Domingo Faustino Sarmiento[19] escribe sobre las similitudes entre el gaucho y el árabe en su obra Viajes[20]: «Lo que más me atrae la atención en España son los rastros profundos que la dominación árabe ha dejado en las costumbres; podría creerse que los moros están aún ahí, en los vestidos, en los edificios».

En 1850 puso la siguiente nota en Facundo:

No es fuera de propósito recordar aquí las semejanzas notables que presentan los argentinos con los árabes. En Argel, en Orán, en Mascara, y en los aduares del desierto, vi siempre a los árabes reunidos en cafés, por estarles prohibido el uso de licores, apiñados en derredor del canto de la vihuela a dúo, recitando canciones nacionales plañideras como nuestros tristes[21].

La rienda de los árabes es tejida de cuero y con azotera como las nuestras; el freno que usamos es el freno árabe y muchas de nuestras costumbres revelan el contacto de nuestros padres con los moros de Andalucía. De las fisonomías no se hable: algunos árabes he conocido que juraría haberlos visto en mi país[22].

 

El escritor Ricardo Rojas aclara por qué Sarmiento va a Argelia: «… deseaba ver el desierto y sus árabes, semejantes al paisaje argentino y a los gauchos»[23].

El propio Sarmiento lo confirma: «… así hallamos en los hábitos pastoriles  de América, reproducidos, hasta los trajes, el semblante grave y la hospitalidad árabes»24. Tanto los hábitos y costumbres, como la espiritualidad, en cuanto a su más profundo significado, nos permiten establecer semejanzas entre el árabe y el gaucho. Conocerlas enriquecerá nuestra cultura, desde lo simple y lo cotidiano hasta lo profundo de la ciencia.

A su turno Sánchez Zinny[24], en su libro El gaucho, expresa lo siguiente:

«El auténtico  gaucho era indudablemente de ascendencia andaluza, vale decir, traía en sus venas sangre árabe».

 

[1] Evedith A. Hosni de Giorlandini (24 de marzo de 2013). Encuentro de razas. Diario La Nueva Provincia. Bahía Blanca.

[2]  Félix de Azara (1802). Apuntamiento para la historia natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata (cap. LXV, p. 202). Madrid: Imprenta de la viuda de Ibarra.

[3] Ricardo Rodríguez Molas (1982). Historia social del gaucho (p. 230). Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.

[4] Henry Armaignac (1961). Viaje por las pampas argentinas (p. 66). Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.

[5] Las espuelas son espigas metálicas que se colocan en el talón de las botas de quien cabalga, con el propósito de dirigir los movimientos del caballo. Son utilizadas en todas las disciplinas ecuestres, y existen reglas en su diseño y uso, para evitar que se constituya cualquier tipo de abuso de los animales.

[6] Las boleadoras consta de dos o tres bolas, piedras muy duras, pulidas en forma casi esférica o muy raramente erizadas. El diámetro de cada una de las bolas suele ser de unos 10 cm en las boleadoras de combate o de caza mayor. Tales piedras se encuentran unidas por tiras de cuero que se llaman tientos o guascas.

[7] Las carreras cuadreras son un tipo tradicional de carreras de caballos características del mundo rural, que se realizan en Argentina, Paraguay y Uruguay y se crearon en los tiempos coloniales. Para significar que se trata de carreras cortas se denominan cuadreras, término que se deriva de «cuadra», una unidad de medida equivalente a 129 metros que se utilizaba en tiempos de la Colonia.

[8] La corrida de sortijas es un antiguo juego ecuestre practicado durante la Edad Media en Europa, norte de África y la pampa argentina. En esta última zona está asociado a la tradición gaucha y aún se practica.

[9] Deporte ecuestre originario de Argentina.

[10] Actividad durante la cual se realizan tareas propias del campo. La principal (y de la que proviene su nombre) es la marcación del ganado orejano (sin marca de dueño), que se hace con un hierro al rojo vivo sobre el cuerpo del animal. Los registros más remotos sobre esta costumbre de marcar el ganado parecen ser del antiguo Egipto, unos dos mil años antes de Cristo.

[11] Consiste en domesticar un caballo, mula o burro, que el animal asimile que tiene un dueño que lo manda y que, por lo tanto, debe obedecer. El gaucho dejaba que el animal corcoveara (salte) a cielo abierto, acompañado por apadrinadores que lo asistían.

[12] Algunos autores sostienen, no sin razón, que la palabra proviene del griego astrágalos y del latín talus, que significaban en ambos idiomas tanto vértebra como dado. Otros autores afirman que la voz taba hace referencia a la manera de manipular estos huesitos y que debió ser el primer cubilete árabe, que en dicha lengua se llama tabba o kaba. Y es probable que hayan sido ellos quienes introdujeron la palabra en España desde el año 711 hasta el 1492.

[13] Existe una teoría que dice que el juego de los dados proviene de las cruzadas. En 1125 d.C., sir William de Tyre asediaba una fortificación árabe llamada Asart (o Hazarth), y fue este castillo el que dio nombre al pasatiempo que los ingleses disfrutaban en los descansos de la batalla: el juego de los dados, que habían aprendido en territorio islámico. Este se fue extendiendo hacia el resto de Europa, ayudado por los soldados que volvían a casa y por los mercaderes que recorrían todo el mundo conocido.

[14] El truco o truque (truc, en valenciano) es un juego de naipes con baraja española originario de Valencia y de las islas Baleares, muy difundido en Suramérica, en especial en Argentina, Paraguay y Uruguay. Otra versión sobre el origen de este juego es que el nombre es de origen árabe (truk o truch), y algunos lingüistas creen que es el origen etimológico de la palabra truco, debido precisamente a los ardides que se emplean en este juego.

[15] Casa de negocio del antiguo campo, donde se vendían aquellas cosas que los pobladores necesitaban, como ropa, artículos de talabartería, tabaco, papel para armar cigarrillos, yerba, etc. Allí se reunían a beber y a conversar los gauchos de los alrededores y los forasteros que iban de viaje.

[16] Poncho puesto en forma de pañal y prendido con alfileres, ceñido con la faja y a veces el tirador o rastra, que utilizaban los pueblos originarios y el gaucho hasta aproximadamente 1860; fue sustituido luego por la bombacha. En el caso del gaucho, el chiripá se ponía como protección y resguardo ante el frío por sobre los calzones o calzoncillos

[17] Elemento típico de la indumentaria del gaucho argentino. Escudo metálico que puede llevar las iniciales de su dueño, así como también el cincelado de una flor del cardón, caballo u otro motivo criollo.

[18] Infusión hecha con hojas de yerba mate previamente secadas, cortadas y molidas, las cuales tienen sabor amargo debido a los taninos  que contienen.

[19] Domingo Faustino Sarmiento Albarracín, presidente de los argentinos (1868-1874), fue el primer escritor conocido que distinguió y analizó los perfiles árabes en el ser nacional.

[20] Domingo Faustino Sarmiento (1953). Viajes (p. 84). Buenos Aires: Editorial Estrada.

[21] Estilo de canción gaucha.

[22] Domingo Faustino Sarmiento. Op cit.

[23] Ibid., p. 86.

[24] Eduardo Sánchez Zinny (1942). El gaucho (p. 22). Buenos Aires: Imprenta A. Baiocco y Cía.


Referencias

Armagnac, H. (1961). Viaje por las pampas argentinas. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.

Cunninghame Graham, R. (1997). Los caballos de la Conquista. Buenos Aires: Editorial El Elefante Blanco.

Dawabe Atik, E. (1973). Diccionario de palabras castellanas de origen árabe. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

De Azara, F. (1802). Apuntamientos para la historia natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata. Madrid: Imprenta de la viuda de Ibarra.

Ebelot, A. (2001). La pampa. Costumbres argentinas. Buenos Aires: Taurus.

Fernández Manzano, R. et al. (1992). El trovo de la Alpujarra. Andalucía: Centro de Documentación Musical de Andalucía.

Hernández, J. (1956). Martín Fierro (traducido al árabe por Yaguar J. Náder). Buenos Aires: Edit. Artes Gráficas.

Hernández, J. (2016). Martín Fierro. Buenos Aires: Alianza Editorial.

Piossek Prebisch, T. (2008). Poblar un pueblo: San Miguel de Tucumán. Buenos Aires: Autores Editores.

Rodríguez Molas, R. (1982). Historia social del gaucho. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.

Rojas, R. (1924). Eurindia (1ª ed.). Buenos Aires: Editorial Lozada.

Rojas, R. (1941). Vida de Sarmiento. Buenos Aires: Editorial Guillermo Kraft.

Romero Carranza, F. (2009). Guía de pelajes del caballo criollo. Buenos Aires: Editorial Letemendia.  Rubén Darío

Rubén Darío (1920). Tierras solares. Madrid: Mundo Latino.

Sáenz, J. P. (2011). Equitación gaucha en la pampa y Mesopotamia. Buenos Aires: Editorial Letemendia.

Sánchez Zinny, E. (1942). El gaucho. Buenos Aires: Editorial Baiocco.

Sarmiento, D. F. (1953). Facundo. Buenos Aires: Editorial Estrada.

Sarmiento, D. F. (1998). Recuerdos de provincia. Buenos Aires: Emecé Editores.

Sarmiento, D. F. (1994). Viajes por Europa, África y América, 1845-1847. Madrid: FCE España.

Artículos

Hosni de Giorlandini, E. A. (24 de marzo de 2013). Encuentro de razas. Diario La Nueva Provincia. Bahía Blanca.


Gladys M. Meyer
Profesora titular
Instituto Superior de Formación Docente Nº 160
vicedireccion-instituto160@hotmail.com

ZERO IMPRESA EDICIÓN 36
ISSN ELECTRÓNICO: 2344-8431
ISSN IMPRESO: 0123-8779

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