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14 de enero de 2020

Entrevista Zero a investigadores FIGRI (Dosier Venezuela)

Nos complace tener, en este dosier sobre la situación actual de Venezuela, la opinión de dos expertos en política internacional con énfasis en América Latina, pertenecientes a nuestra casa de estudios; nuestro editor invitado, Germán Romero, les plantea las mismas preguntas, esto nos respondieron:

Aldo Olano, Ph. D.

Docente investigador – OASIS

Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

aldo.olano@uexternado.edu.co

Es doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador, y maestro en Ciencia Política con énfasis en Política Comparada de los Países Andinos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, también en Ecuador.

 

Remontándonos un poco a la historia política y social de Venezuela, desde su perspectiva, ¿cuáles han sido las razones que han llevado al colapso del sistema económico y político de este país?

La actual crisis venezolana es la fase terminal de un sistema que reúne lo económico, lo político y lo social que, para no irnos tan atrás en sus causas, se organizó sobre la base de la extracción de una materia prima desde inicios del siglo XX: el petróleo. Venezuela es la cuasi perfección del extractivismo en sus distintas facetas y momentos, allí se nota la cooptación del Estado por distintas élites que lo han utilizado para su enriquecimiento personal. Distintas coaliciones que, gobernando de manera autoritaria o democrática, lo han administrado en función de sus intereses, eso sí considerando también la satisfacción de sus amplias clientelas. Antes las clases medias y el proletariado fabril y petrolero durante el Punto Fijo, por ejemplo, mientras que hoy son importantes sectores de las clases populares urbanas las principales receptoras de lo que el Estado reparte.

La historia de Venezuela nos muestra que, independientemente del régimen político o del tipo de gobernante, el petróleo siempre se utilizó de manera muy generosa en las actividades del Estado a través de instituciones que se fueron creando con inusitada eficiencia en el país entero. El Estado expande sus actividades como siempre lo ha hecho en épocas de prosperidad, y entre ellas se destacaron las que siempre son muy apetecidas en el sistema extractivista: la construcción de infraestructura que haga ver la grandeza y prosperidad del país que, una vez más, está renaciendo bajo la acertada dirección de sus líderes. Como es bien sabido, antes fueron los militares al servicio de la oligarquía o los barones de las élites ilustradas quienes alentaron todo ello, mientras que ahora, según el discurso de la nueva elite, es por su intermedio que el pueblo realmente gobierna y lo hace en función de sus intereses.

¿De qué manera esto ha afectado a la región?

Creo que la proyección regional de la llamada revolución bolivariana ha generado alarmas infundadas y temores sin mucho sentido. La supuesta expansión castrochavista tiene desde hace algunos años un férreo opositor en Colombia, y eso ha servido para que candidaturas progresistas hayan sido derrotadas de manera frecuente. En Perú sucedió algo parecido en sucesivos procesos electorales, y Macri en Argentina, aunque ya está de salida, se explica por esa relación que los Kirchner establecieron con el chavismo. Brasil justifica su giro a la derecha actuando contra el actual Gobierno venezolano en diferentes foros hemisféricos, mientras que Rafael Correa en Ecuador, aunque fue un aliado en muchas cosas, alguna distancia marcó con el proyecto bolivariano, manejo de la economía, por ejemplo. Venezuela con el chavismo ha sido un actor político regional del que debemos seguir dando cuenta por la influencia que, para bien o para mal, aún mantiene.

¿Considera que el chavismo, como fuerza emergente de izquierda en su momento, hubiera podido subsanar el resquebrajamiento del modelo de Estado nación vigente en ese momento histórico?

Distintos analistas venezolanos lo definen como quienes perfeccionaron el petro-Estado nación, dándole forma a una versión más popular de lo que fue el Estado venezolano durante el siglo XX. La importancia de esta definición es que el recurso por decisión política le pertenece a la nación-pueblo y el Estado está en la obligación de prácticamente regalárselo. Así sucedió con la modernización de las tres primeras décadas del siglo pasado, el desarrollismo entre 1950-1985 y lo que va corrido del siglo XXI. El chavismo desde sus orígenes pensó, al igual que quienes los precedieron, que el Estado bolivariano debía ser el agente transformador de la economía y de la sociedad, y para ello maximizó la utilización de los recursos generados por el petróleo, incitando e incrementando de manera bastante irresponsable, a mi modo de ver, el consumo de la población.

Fue, sobre todo, una revolución que direccionó el logro del bienestar del pueblo-nación, subsidiando la adquisición de productos manufacturados, los cuales sabemos son, en su absoluta mayoría, de origen importado. Súmele a ello el estímulo perverso de la gasolina regalada para la compra de automóviles de alto consumo, así se hizo inviable una transición energética o una diversificación productiva, puesto que jamás pensaron invertir en agricultura o industria a pequeña escala. Durante el boom petrolero de la década pasada, los dólares abundaron en cantidades pocas veces vistas y se utilizaron para reforzar una forma de vida que hoy día ya no es posible alcanzar, menos con dinero que se obtiene de la exportación de petróleo.

El proceso es fallido si analizamos que hoy en día se convive con una riesgosa crisis ecológica global; el cambio climático es una de sus manifestaciones, propiciando el uso de combustibles de origen fósil y búsqueda incesante de materias primas que se siguen viendo como el medio para satisfacer las ganancias de las elites y la subsistencia de su clientela. Lo que se viene planteando con el Arco Minero del Orinoco será un crimen ambiental de grandes magnitudes, pues la salida que propone el actual Gobierno para darle continuidad financiera a su revolución es con la explotación a gran escala de oro, diamantes, coltán, bauxita, más otros minerales. Una barbaridad.

¿Cómo caracteriza la política exterior colombiana hacia la región en los últimos dos Gobiernos? ¿Ha sido coherente? ¿Si lo ha sido, corresponde a nuestros intereses? ¿Ha sido diseñada con un interés cortoplacista o, por el contrario, ha definido metas de largo plazo?

La política exterior ha sido ambigua y sometida a los vaivenes de la política local. Cuando se necesitó un respaldo internacional para la negociación con las FARC, se recurrió a Venezuela y Cuba como representantes del campo progresista, y cuando se requirió desbaratar los acuerdos alcanzados con la guerrilla para así legitimar el giro a la ultraderecha, entonces se buscaron aliados en Chile, Argentina y Brasil más el acercamiento por medio de la siempre peligrosa subordinación a Estados Unidos, ahora bajo el Gobierno de Donald Trump.

Ha sido coherente en la medida que responde a la visión de mundo que tienen quienes gobiernan y de los intereses que influyen en la toma de decisiones, lo cual conduce a una política carente de principios. No creo que existan unos intereses comunes que involucren a la mayor parte de la clase política o al conjunto de la sociedad, pues los que orientan esta política son los de la elite gobernante. Espero que algún día haya otro tipo de principios que orienten la política exterior y que no sean solo los de una elite que vive bastante alejada de lo que necesita el Estado colombiano en su relacionamiento internacional.

¿Cuál ha sido el abordaje que ha tenido la Cancillería con relación a la situación política y humanitaria en Venezuela en la actualidad? ¿Difiere este del sostenido en el Gobierno anterior? De ser así, ¿en qué sentido lo hace?

Me parece que ha sido un abordaje mediado más por razones políticas de orden interno que por razones humanitarias o dirigidas a restablecer la democracia en el vecino país. Era una forma de vender la amenaza castrochavista como justificativo para que los electores a escala local tomen decisiones con las cuales se legitime el accionar a nivel regional, por medio de una política dirigida al aislamiento de la actual dictadura venezolana. No hay sinceridad, sino un manifiesto deseo de manipular los sentimientos de una población que vio lo sucedido en Venezuela, como algo posible y realmente no deseable para Colombia.


 

Martha Ardila, Ph. D.

Coordinadora – OASIS

Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

martha.ardila@uexternado.edu.co

Politóloga y Ph. D. en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Es profesora investigadora y editora de la revista OASIS del CIPE de la Universidad Externado de Colombia.

¿Cómo caracteriza la política exterior colombiana hacia la región en los últimos dos Gobiernos? ¿Ha sido coherente? ¿Si lo ha sido, corresponde a nuestros intereses? ¿Ha sido diseñada con un interés cortoplacista o, por el contrario, ha definido metas de largo plazo?

Es una política que la caracterizo de acomodamiento pragmático y/o ideológico. No tiene metas de largo plazo ni estrategias claras y coherentes. Santos trató de diversificar la agenda geográfica y temática, mientras que con Duque se observa una «venezualización» de las relaciones internacionales.

Históricamente, la política exterior colombiana ha estado muy ligada a los Estados Unidos. De ahí que se haya venido hablando de un respice pollum, que consiste en una alianza estratégica con ese país. López Michelsen se refirió a un respice simillia, es decir, mirar a los países semejantes. Pero siempre nuestro referente han sido los Estados Unidos, y de ahí se deriva la relación con el resto del mundo.

Hoy en día con la administración Duque se tiene una alianza muy estrecha con ese país.

¿Considera que Colombia ha sido importante en las negociaciones multilaterales como las de la OEA y Barbados?

En la OEA sí, pero en Barbados no ha sido tenido en cuenta.

Para Colombia, la OEA ha sido un organismo multilateral prioritario. Temas como seguridad, drogas y derechos humanos han ocupado un lugar prioritario en este organismo multilateral.

Por otra parte, el excanciller Carlos Holmes Trujillo fue embajador ante dicho organismo, lo cual llevó a que le diera gran prioridad. De ahí nació el Grupo de Lima y todo el liderazgo fallido que el país ejerció frente a Venezuela y el tema migratorio.

¿Cuál ha sido el abordaje que ha tenido la Cancillería con relación a la situación política y humanitaria en Venezuela en la actualidad? ¿Difiere este del sostenido en el Gobierno anterior? De ser así, ¿en qué sentido lo hace?

Frente a Venezuela se observan varios elementos:

  • Una triangulación de la relación Colombia-Estados Unidos-Venezuela.
  • Una política de desinstitucionalización y desestabilización frente a Venezuela. Se han cerrado consulados. No hay embajador de Colombia en ese país. Y se nutre de la presencia que ejercen venezolanos de la oposición en nuestro territorio.
  • Apoya la llegada de venezolanos a Colombia. Ha buscado crear un cerco diplomático en contra de Nicolás Maduro. Utiliza un lenguaje provocador e ideologizado.
  • Se observa un cambio de paradigma frente a la anterior administración.

Remontándonos un poco a la historia política y social de Venezuela, desde su perspectiva, ¿cuáles han sido las razones que han llevado al colapso del sistema económico y político de este país y de qué manera esto ha afectado a la región?

Venezuela siempre fue catalogada como una de las democracias más estables de la región y su población, fuertemente beneficiada del petróleo, obtuvo grandes beneficios como, por ejemplo, las becas Mariscal de Ayacucho que sirvieron para formar en universidades extranjeras a muchos venezolanos.

La dependencia del petróleo ha perjudicado a Venezuela obstaculizando la creación de una industria propia. Colombia fue un gran exportador de productos con valor agregado y tenía inversiones en ese país, que fueron disminuyendo a partir del 2008, cuando lo político empezó a afectar la relación económica.

Malestar de la población, altos índices de corrupción, pugnas interpartidistas, entre otras, llevaron en el año de 1999 a Hugo Chávez al poder, quien lideró iniciativas internas y externas muy importantes en un momento en el que los precios del petróleo eran altos. Creó el ALBA[1], Petrocaribe, y tuvo grandes iniciativas a nivel regional internacional. Fortaleció e integró esa nueva izquierda latinoamericana, con apoyos externos tan importantes como el de Rusia, China, y en la región, Cuba, país al que le suministra 100.000 barriles de petróleo diarios.

No obstante, Venezuela perdió apoyo en la región y esa nueva izquierda que lo apoyó ha venido debilitándose, en gran medida, por los cambios de jefes de Estado. Pero, también, porque los demás países cuestionan la falta de gobernabilidad e institucionalidad democrática en el vecino país.

¿Considera que el chavismo, como fuerza emergente de izquierda en su momento, hubiera podido subsanar el resquebrajamiento del modelo de Estado nación vigente en ese momento histórico?

No sé. Le faltó un equipo más inclusivo, con un mayor apoyo de actores internos y de diversos sectores de la sociedad. Tuvo un discurso muy ideologizado y retórico.

En su criterio, ¿cuáles han sido las mayores fallas de las políticas migratorias, a nivel regional, establecidas con relación al éxodo masivo de venezolanos? ¿Cree usted que se pueda hablar de una gobernanza regional para las migraciones dentro del sistema interamericano? De no ser así, ¿cuáles serían esas condiciones que deberían requerirse para que tal situación se dé?

Inicialmente, Colombia ejerció un liderazgo en materia migratoria y lo hizo principalmente en el Grupo de Lima.

Colombia no ha recibido apoyo para manejar el tema migratorio. Lo suministrado por algunos países europeos, como Bélgica, España, y otros miembros de la Unión Europea, no es suficiente. La polarización e ideologización dificultan construir una gobernanza regional en materia migratoria. Colombia no ha logrado «convencer» a otros países.

Por otra parte, a nivel interno se observa falta de coordinación frente al tema migratorio y un mayor compromiso de actores locales que brinden facilidades para la inserción laboral de la población venezolana.

Adentrándonos en nuestro país, ¿cuáles cree que han sido los mayores aciertos y las grandes falencias del Gobierno anterior y del actual frente al tratamiento de la migración venezolana a Colombia?

Tanto Santos como Duque han hecho un gran esfuerzo por acoger a los inmigrantes venezolanos. Sin embargo, falta coordinación entre las diferentes instancias encargadas del tema, un mayor involucramiento y apoyo económico tanto del sector empresarial como de los venezolanos que llegaron hace tiempo a nuestro territorio.

¿Qué debería hacer el Gobierno para garantizar la seguridad del territorio nacional sin causar detrimentos a los derechos humanos de los migrantes venezolanos que se encuentran en el país tanto de manera regular como irregular?

Tener una mayor coordinación en sus acciones, involucrar actores diferentes al Estado, y mejorar la institucionalidad en la relación con Venezuela. Se requiere de una estrategia para la inserción laboral de los venezolanos. Se observa una ausencia de estrategia integral frente al tema migratorio. Debería haber un mayor involucramiento de los venezolanos que llegaron ya hace tiempo a nuestro territorio.

¿Qué opinión le merecen los campamentos de venezolanos apoyados por el Acnur[2] en el país?

Son un gran esfuerzo por parte de las Naciones Unidas.


 

[1] La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.

[2] El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

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