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Senderos de violencia: las masacres en el conflicto armado en Perú

February 1, 2015

Mi esposo se arrodilló y le apretaron la soga y le hicieron agachar la cabeza y le metieron una puñalada. Él no gritaba […] y lo seguían apuñalando, y yo gritaba desesperadamente […]. De repente me sueltan y me llevan ante mi esposo. Mi esposo sangraba, pero no caía, lo hacían arrodillar. Me ponen ahí, y me desatan la mano y de repente me dicen «¡Pícalo!» y me hacen agarrar el puñal. «¡Pícalo!», y yo no quería picarlo; ¿cómo iba a picar al hombre que yo amaba? Si era mi esposo, el padre de mis hijos.

Testimonio de María Cecilia Malpartida, cuyo esposo fue víctima de una masacre perpetrada por miembros de Sendero Luminoso. 

Los casos de violencia generados por la guerra entre el Estado peruano y Sendero Luminoso a comienzos de la década de los ochenta marcaron el destino del país, dejando muerte y pánico en la población rural, principalmente; entender cómo se estructuraron estos repertorios de violencia y cómo afectaron a la población civil permite tener una imagen clara de este conflicto.

En el marco del conflicto armado interno peruano, se responsabiliza del 54 % del total de víctimas fatales al Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL), principal grupo guerrillero del país (anexo 1). Según el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR, 2003), el número total de muertos y desaparecidos en el conflicto armado interno se ha estimado en 69.280 personas, de las cuales tan sólo cerca de 24.000 están identificadas con sus nombres completos. Datos oficiales reportan 11.021 casos de asesinatos y 1543 casos de individuos que, a causa de las acciones violentas del grupo guerrillero, se encuentran actualmente desaparecidos (CVR, 2003).

Anexo1

ANEXO 1 (Fuente: CVR, 2003)

Ahora bien, según los planteamientos de Kalyvas (2001, 2006), existe una relación entre la forma como se ejerce la violencia por parte de los actores armados (bien sea selectiva o indiscriminada) y el control territorial que ejercen en ciertas zonas.

En este orden de ideas, se busca analizar si existe una relación entre los repertorios de violencia letal ejecutados por el PCP-SL (en particular si se expresan selectiva o indiscriminadamente) y el control territorial en las zonas de influencia de este grupo guerrillero en Perú.

Control territorial y variaciones en la violencia letal

Resulta fundamental guiar el estudio desde los planteamientos de Kalyvas (2001, 2006, 2009). Para este autor, la guerra civil es definida como «la lucha armada dentro de los límites de una entidad soberana reconocida, entre partes sujetas a una autoridad común al inicio de las hostilidades» (Kalyvas, 2009, p. 197).

Las guerras civiles se han llevado a cabo de diferentes formas: unas (como la guerra civil española) de manera convencional; otras han tomado la forma de guerras civiles irregulares (como el caso de Colombia, por ejemplo), y otras (como las del Líbano o Somalia) han sido guerras civiles simétricas no convencionales (Kalyvas, 2009). Para efectos de la reflexión en torno al caso de Perú, se trata de una guerra civil irregular, cuya característica es «la expresión de la asimetría entre los estados y los rebeldes: aunque los rebeldes tienen la capacidad militar para desafiar al Estado, carecen de la capacidad para confrontarlo de una manera directa y frontal» (Kalyvas, 2009, p. 198).

Ahora bien, siguiendo a Kalyvas (2009) y Wood (2010), puede observarse una variación en los repertorios de violencia: pueden ser letales o no letales, al igual que selectivos o indiscriminados. Los repertorios de violencia letales, como su nombre lo indica, llevan, forzosamente, a dar de baja a los individuos, blanco de los actores armados. Aquí se inscriben, por ejemplo, las masacres y los asesinatos. La violencia no letal, por su parte, no tiene como propósito la muerte de las personas, aunque este resultado, a la larga, puede ocurrir. Se trata, por ejemplo, de la violencia sexual y el desplazamiento forzado.

Los repertorios selectivos de violencia presuponen la identificación, por parte del actor armado, de una serie de personas específicas. De este modo, el acto violento va dirigido hacia un objetivo específico. En contraste, la violencia indiscriminada va dirigida hacia el grueso de una comunidad (Kalyvas, 2001).

Cuando un actor armado tiene control sobre el territorio, posee información y, como resultado, la violencia es selectiva. En caso de no tener control territorial, la violencia es indiscriminada, pues los actores armados no cuentan con suficiente información para conocer sobre el terreno quién es quién en materia de apoyo (Kalyvas, 2001).

Los civiles en el sendero de la violencia

A continuación se analizan, a partir de dos variables fundamentales, las acciones violentas contra la población civil llevadas a cabo por el grupo guerrillero PCP-SL. La primera variable tiene que ver con la capacidad de ejercer actividades violentas, pues, como lo establecía el mismo grupo guerrillero, la violencia era el principal medio para posicionar su ideología y pensamiento: «Se ha dicho que con fusiles se transforma el mundo, ya lo estamos haciendo […]» (Comité Central Ampliado del PCP-SL, 1980). La segunda variable es la capacidad de controlar territorialmente una zona y la posibilidad resultante de obtener información. Al respecto, como lo explica Jiménez (2008):

[…] las acciones de control deben ser abordadas como un proceso que inicia con el uso de la violencia indiscriminada cuando el control territorial es débil. La violencia se aplica selectivamente cuando el control territorial es fuerte, hasta llegar a un punto del proceso en el que no es necesario el uso de la violencia directa, para lo cual se combinan procedimientos de vigilancia y distribución de privilegios (simbólicos o económicos) que premian la lealtad del poblador. En este proceso, el grupo armado ilegal alcanza soberanía sobre el territorio cuando los pobladores elaboran desde su dimensión subjetiva reconocerle como la única autoridad legítima.

Sendero Luminoso, agrupación guerrillera peruana de orientación marxista-leninista-maoísta, protagonizó su primera aparición en mayo de 1980 en Ayacucho. La actuación de este grupo rebelde se caracterizó, entre otros aspectos, por el alcance de la violencia letal ejercida contra la población civil, en el marco de la competencia con el Estado por el control territorial (anexo 1).

Durante las décadas de los ochenta y los noventa, Sendero Luminoso, dirigido por Abimael Guzmán, concentró el grueso de sus actividades en las regiones surcentral, nororiental y central (conformadas por los departamentos de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Huanuco, San Martín, Ucayali, Junín y Pasco), donde ocurrieron la mayoría de las 215 masacres ejecutadas por el grupo rebelde, las cuales cobraron la vida de aproximadamente 3518 personas (CVR, 2013). Sin embargo, dicha cifra apenas representa el 28 % del total de víctimas atribuidas al grupo armado, responsable aproximadamente de 7503 homicidios y alrededor de 1503 casos de desaparición forzada (con el mismo patrón de concentración geográfica). A Sendero Luminoso se le atribuyen cerca del 54 % del total de víctimas del conflicto armado en Perú (Paredes, 2003). Los datos antes mencionados indican el peso de los repertorios de violencia letales en la estrategia desarrollada por esta guerrilla.

Violencia selectiva y violencia indiscriminada en Perú

Los asesinatos selectivos perpetrados por Sendero Luminoso correspondían a criterios políticos: las víctimas eran actores sociales con influencia en el ámbito político o social regional, quienes, por lo tanto, contaban con la capacidad de desafiar al grupo armado. Así pues, las víctimas de asesinatos selectivos comprendían autoridades locales, dirigentes comunales, campesinos «prósperos» (aquellos señalados como terratenientes y gamonales) y fuerzas del orden, incluyendo las denominadas Rondas Campesinas (CVR, 2003). Una revisión estadística de los asesinatos selectivos por parte de Sendero Luminoso, según el Informe final de la CVR, evidencia que la mayoría se presentaron entre 1983 y 1985. En Ayacucho se concentra la mayoría de los asesinatos selectivos, cerca de 3000, cifra que se reduce a 1500 entre 1989 y 1992 (anexo 2).

ANEXO 2 (Fuente: CVR, 2003)

ANEXO 2 (Fuente: CVR, 2003)

El mayor número de asesinatos selectivos, en la misma línea de Kalyvas (2001, 2006), coincide con el periodo de mayor control territorial por parte de Sendero Luminoso en diferentes zonas del país. En contraste, cuando la contraofensiva estatal golpeó de manera fuerte las estructuras del grupo rebelde y su influencia correspondiente en regiones distintas, el número de asesinatos selectivos del PCP-SL disminuyó y se incrementaron las masacres, reflejo del intento del grupo guerrillero por recuperar el control territorial (anexo 3).

ANEXO 3 (Fuente: CVR, 2003)

ANEXO 3 (Fuente: CVR, 2003)

Del control territorial a las masacres

A partir de lo planteado por Kalyvas sobre la relación entre la variación en los repertorios de violencia y la territorialidad de los actores armados, se determinó que el PCP-SL perpetró el mayor número de asesinatos selectivos en los periodos en los que tenía el control de un territorio específico, y en cambio recurría a las masacres cuando se desafiaba su territorialidad. Aportes de esta índole son relevantes no sólo para enriquecer el debate académico sobre la variación en la violencia letal en diferentes contextos, sino también porque sirven de referencia para otros estudios de caso que, posteriormente, son de gran utilidad para determinar estrategias contrainsurgentes y medidas encaminadas a consolidar el Estado.

A partir del análisis hecho surgen diversos interrogantes, pertinentes para futuras agendas de investigación, relacionados con la base social de los movimientos subversivos y la estrategia de la guerra popular prolongada. En particular, es conveniente analizar si los repertorios de violencia son únicamente el resultado de pérdida del control territorial o si además intervienen factores como la afiliación ideológica o política de la comunidad y los combatientes. Este tema está abierto a  discusión.


Referencias

Burt, J.M. (2010). Los usos y abusos de la memoria de María Elena Moyano. Recuperado el 4 de noviembre de 2014, de North Carolina State University: http://www.ncsu.edu/project/acontracorriente/winter_10/articles/Burt.pdf

Comisión de la Verdad y la Reconciliación [CVR] (2003). Informe Final. Recuperado el 4 de noviembre de 2014, de CVR: http://cverdad.org.pe/ifinal/

Degregori, C.I. (1996). Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Recuperado el 4 de noviembre de 2014, de Instituto de Estudios Peruanos [IEP]: http://archivo.iep.pe/textos/DDT/laderrotadesendero.pdf

Jiménez, L.J. (2008). La población civil y los actores armados en un corregimiento del Cauca. Recuperado el 4 de noviembre de 2014, de Universidad ICESI: http://www.icesi.edu.co/congreso_sociologia/images/ponencias/3-4-Jimenez-Poblacion%20civil%20y%20actores%20arrmados%20en%20corregimiento%20del%20Cauca.pdf

Kalyvas, S.N. (2001). La violencia en la guerra civil. Esbozo de una teoría. Análisis Político (42), págs. 3.25.

Kalyvas, S.N. (2006). The Logic of Violence in Civil War. Cambridge: Cambridge University Press.

Kalyvas, S.N. (2009). El carácter cambiante de las guerras civiles: 1800-2009. Colombia Internacional (70), 193 – 214.

Paredes, O. (2003). Liderazgo y Procesos Políticos en el Perú Recuperado el 5 de noviembre de 2014, de SCRIBD: http://es.scribd.com/doc/46485849/7/La-estructura-organica-de-Sendero-Luminoso

Stern, S.J. (Ed.). (1999). Los senderos insólitos del Perú. Guerra y sociedad, 1980-1985.Recuperado el 5 de noviembre de 2014, de IEP: http://archivo.iep.pe/textos/DDT/losenderosinsolitosdelperu.pdf

THEIDON, K. (2004). Entre prójimos. El conflicto armado interno y la política de la reconciliación en el Perú. Recuperado el 5 de noviembre de 2014, de IEP: http://archivo.iep.pe/textos/DDT/entreprojimos.pdf​


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