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Rusia en la crisis ucraniana: la política simbólica del «mundo ruso»

December 10, 2014

A quien no haya ido a Moscú hace mucho tiempo se le dificultaa reconocer la capital rusa en el día de hoy. Con sus buenas carreteras y centros comerciales modernos, su diversa oferta gastronómica y actividades culturales excepcionales, lo que antes era una ciudad gris y poco atractiva para los visitantes, en la actualidad no difiere tanto –en materia de vida urbana– de las grandes metrópolis europeas o norteamericanas. Sin embargo, esto dice poco sobre cómo han cambiado los rusos durante las últimas dos décadas en cuanto a su manera de pensar sobre Rusia y el mundo entero, una de las claves para comprender mejor la actuación de Putin en la crisis ucraniana y el gran apoyo que ha recibido por parte de la mayoría de sus compatriotas.

Para poder analizar la naturaleza de dicho cambio es necesario regresar al inicio de los años noventa. Poco después de la desaparición de la Unión Soviética, a finales de 1991, la sociedad rusa mantuvo una visión bastante confusa sobre qué significaba ser ruso y cómo tenía que interpretarse lo que ha sucedido con el país en el siglo XX. Al mismo tiempo, la mayoría de la población aceptaba la idea de la independencia ucraniana, en tanto que las demás repúblicas que formaron parte de la URSS apoyaba el proyecto occidental del en ese entonces presidente Boris Yeltsin, que rechazaba el pasado autoritario soviético y gozaba de un optimismo moderado con respecto a la posibilidad de mejorar las condiciones de su vida.

Sin embargo, pronto el sentimiento de frustración con el proyecto promovido por el gobierno creció de manera paralela con el empeoramiento del nivel de vida causado por la transformación del sistema económico y los bajos precios del petróleo, motor de la economía rusa. Ya en 1993 se evidenció el fortalecimiento de la idea del renacimiento de una Rusia «fuerte», que debería ser «respetada» en la arena internacional, aunque todavía no se hablaba sobre la defensa de los rusos que quedaron fuera de las fronteras de la Rusia postsoviética. Desde ese entonces, el éxito comenzó a acompañar a los políticos, quienes jugaron la carta patriótica y nacionalista, y se disminuyó  el apoyo de los partidos liberales que estuvieron a favor de una política de  colaboración con el Occidente (tabla 1).

En este sentido, Vladimir Putin, quien llegó al poder en el año 2000, resultó ser el líder que –aparte de contar con la suerte de la subida exorbitante de los precios del petróleo– prometió a los rusos restaurar el orgullo nacional y ofrecer una interpretación cómoda sobre la idea nacional rusa, aceptada hoy en día por una mayoría abrumadora, lo que se manifiesta, inter alia, por el apoyo a los partidos oficialistas (tabla 1).

Cabe anotar que la aceptación de esta nueva visión sobre Rusia y sus ciudadanos, la cual domina la sociedad rusa actual, no apareció de un día para otro. Tampoco fue un proceso desordenado. Se trata del resultado de una política determinada que llevó a cabo de manera exitosa el gobierno de Vladimir Putin y que puede considerarse ejemplo de una política simbólica, si se usa el marco de análisis que ofrece Murray Edelman (1964).

Rusia en la crisis ucraniana T1

 

De acuerdo con la propuesta analítica de Edelman, el público en general dedica su atención a asuntos políticos sólo en aquellos casos en los cuales «las acciones y discursos políticos representan una amenaza o un alivio simbólico», y responde a éstos «con base en los supuestos que están tallados en dichos discursos y acciones y no apoyados en un conocimiento directo de los hechos» (Edelman, 1964, p. 172). Para la mayoría de la gente, «la política se reduce a una serie de imaginarios impuestos por los medios de comunicación. Estos imaginarios crean un panorama en movimiento, enmarcado en un mundo que la gran mayoría nunca llega a experimentar, pero que a su vez teme o apoya con pasión, y en algunos casos hasta con acción» (Edelman, 1964, p. 5).

En estos escenarios, la movilización política de una comunidad no dependería de la racionalidad de la acción, sino de la carga emocional de algún símbolo político que se utilice. En otras palabras, las tareas de Vladimir Putin consistían, por un lado, en consolidar el control sobre los medios de comunicación masivos y, por otro lado, en identificar los símbolos políticos que traen una carga emocional. En un periodo relativamente corto, ha logrado ambas metas.

En lo referente a consolidar los principales medios de comunicación, tales como canales de televisión nacional, periódicos más importantes y hasta los espacios virtuales rusoparlantes en internet, están sincronizados con los discursos de las autoridades (Hopstad, 2011). Y entre los símbolos, que ya están identificados y explotados al máximo, se debe destacar la trascendencia del legado del papel histórico del pueblo ruso como el salvador del mundo entero.  En los discursos oficiales, los medios de comunicación hablan sobre la misión salvadora continua del pueblo ruso: desde la invasión de los tártaros en los tiempos medievales, hasta la labor «civilizadora» de la Rusia imperial en la anexión de nuevos territorios en Europa y Asia.

Especialmente importante es la victoria en la segunda guerra mundial, alcanzada –según la versión oficial– gracias a los esfuerzos de los pueblos de la Unión Soviética y con el liderazgo del pueblo ruso. En otras palabras, a lo largo de la historia, los rusos siempre estuvieron llamados al sacrificio por el bien de toda la humanidad.

No obstante, a pesar de las similitudes, no se trata de la restauración de la versión de la historia oficial soviética que también destacaba el papel del «pueblo ruso». Desde 2006, en los discursos oficiales en Rusia, se comenzó utilizar el nuevo concepto del «mundo ruso», que refiere la existencia de una comunidad extensa que comparte una memoria histórica común, relacionada con el surgimiento de la Rusia antigua, su posterior crecimiento y expansión territorial, y cuyos miembros hablan el idioma ruso, todo esto asociado con tradiciones culturales rusas, las cuales aceptan valores como la religión ortodoxa. Ya en este año, usando el formato de una «línea directa» (con el pueblo), de un canal de televisión con la mayor cobertura en el país, el presidente Putin explicó, de manera muy clara, el significado conceptual del mundo ruso.

A diferencia de los valores del mundo occidental, los rusos –según Putin– reconocen los intereses de la colectividad como superiores a los intereses individuales: «Si en Occidente el criterio del éxito de la sociedad nacional es el éxito de sus miembros individuales, en Rusia el éxito individual no es suficiente para lograr un reconocimiento por los rusos, ni siquiera la autoestima» (Putin, 2014).

Los ricos no son felices en Rusia porque son ricos, sino porque su contribución a la sociedad es reconocida por el pueblo –enfatizaba el presidente ruso cuando Estados Unidos y Europa sancionaron a varios de sus amigos millonarios–, «porque ellos  defendieron  los intereses de la patria y no traicionaron a Rusia» (Putin, 2014). Para Vladimir Putin, en el mundo ruso, sus miembros están dispuestos al sacrificio por el bien de toda la comunidad.

El líder ruso subrayaba que la idea de sacrificio es una característica esencial de los rusos. De esa manera explica el hecho de que éstos muestren el heroísmo incluso en tiempos de paz: «Somos menos pragmáticos, menos racionales que otros pueblos y podemos asumir las pérdidas materiales si es necesario para preservar nuestros valores tradicionales. Siempre estuvimos apoyados por nuestros propios valores, no por los de los otros. Y nunca fracasamos» (Putin, 2014).

Además, según Putin, cada pueblo tiene su ventaja para poder sobrevivir. La del pueblo ruso es la solidaridad. En este contexto, y teniendo en cuenta la importancia del discurso que se fundamenta en la idea del mundo ruso y al cual los rusos están introducidos de manera cotidiana desde las pantallas de sus televisores, periódicos e internet, para el Kremlin, simplemente, sería imposible «abandonar» a los miembros del «mundo ruso» si se percibe que estos últimos están amenazados.

En el comienzo de la crisis en Ucrania, la televisión y otros medios de comunicación rusos interpretaron los hechos de Maidán como un intento de imponer los valores occidentales sobre los valores tradicionales del mundo ruso; luego, la llegada al poder de los nuevos líderes en Kiev –«la madre de las ciudades rusas», según el mito fundacional ruso– la presentaron los medios rusos como el establecimiento de un régimen fascista acorde con los supuestos descendientes de los colaboradores ucranianos de la Alemania nazi.

No hay duda de que se trata del uso de un símbolo político que tiene una carga emocional muy fuerte, en un país que ha perdido más de sesenta millones de vidas en la guerra con Alemania, la población del sur y del este de Ucrania –quienes prefieren la televisión rusa a la televisión ucraniana (tabla 2)– también estuvo expuesta a este espectáculo político. No nos debe sorprender el hecho de que muchas de las personas en esta parte de Ucrania apoyaron a los líderes separatistas, algunos de los cuales ni siquiera son nativos de la región sino provenientes de organizaciones nacionalistas establecidas en el territorio de la Federación Rusa (Balmforth, 2014).

Rusia en la crisis ucraniana T2Parece que para muchos rusos hoy en día, la idea de la defensa del «mundo ruso» es aceptable como una causa válida para la conducta de una política exterior similar a la política actual de Moscú. Para ellos –al igual que como para el presidente Putin– la desaparición de la Unión Soviética ya no está relacionada con el triunfo de la democracia y la llegada del fin de la historia, según Francis Fukuyama, sino con una catástrofe geopolítica y una amenaza para el «mundo ruso». Así, mientras el gobierno ruso sigue utilizando las políticas simbólicas actuales, el Kremlin va a seguir disfrutando del apoyo de su estrategia exterior por una buena parte de la población.

Referencias

Balmforth, T. (2014). A guide to the separatists of Eastern Ukraine. Publicado electrónicamente en http://www.eurasiareview.com/04062014-guide-separatists-eastern-ukraine-analysis/.

Edelman, M. (1964). The symbolic uses of politics. Urbana: University of Illinois Press.

Hopstad, B. (2011). The Russian media under Putin and Medvedev: Controlled media in anauthoritarian system. Trondheim: Norwegian University of Science and Technology.

Putin, V. (2014). Respuestas a las preguntas de la línea directa en el Primer Canal de Televisión el 17 de abril de 2014. Publicado electrónicamente en http://www.kremlin.ru/news/20796, en ruso.


Vladimir Rouvinski
Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Hiroshima
Director del Centro de Investigaciones CIES
Profesor asociado del Departamento de Estudios Políticos
Universidad Icesi
vrouvinski@icesi.edu.co

Revista Zero Impresa Edición 33
Primer semestre de 2014
ISSN electrónico: 2344-8431
ISSN impreso: 2344-8431

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