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La participación de la ONU en el posconflicto en Colombia

October 31, 2016

Considerando la importancia que los representantes del Gobierno colombiano le dieron a la aprobación, por parte del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, de una misión política para participar en la vigilancia y verificación del cese bilateral del fuego y de las hostilidades después de la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP, se busca mediante este análisis exponer hasta qué punto esta medida puede ser efectiva para la consolidación del proceso de paz colombiano.El pasado 25 de enero, el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó con unanimidad la Resolución 2261 y estableció una misión política para participar en la vigilancia y verificación del cese bilateral del fuego y de las hostilidades, y la dejación de armas, para operar después de la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP (Naciones Unidas, 2016b).

Ante este hecho, el presidente Juan Manuel Santos expresó que esta era la mejor garantía de cumplimiento y que así se daba un “espaldarazo de la máxima instancia del mundo a todos los colombianos” (El Tiempo, 2016). Del mismo modo, la ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín, consideró fundamental la voluntad de los miembros del Consejo de Seguridad para el éxito del proceso de paz (El Espectador, 2016).

Mediante este análisis, se busca exponer hasta qué punto esta misión política puede ser efectiva para la consolidación del proceso de paz colombiano. En primer lugar, se indagará en qué consiste este tipo de misión de forma genérica y cómo se espera que opere en Colombia. En segundo lugar, a través del caso de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala en 1997, se expondrá un ejemplo de cómo puede resultar una operación de este tipo.

Según Kugel[1] (2011), las misiones políticas hacen parte de las opciones que tiene el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para desempeñar su función principal de mantener la paz y la seguridad internacionales. Estas se caracterizan por ser versátiles dado que pueden utilizarse en cualquier momento de un conflicto —desde la prevención hasta las situaciones de posconflicto— y pueden utilizarse en varias formas y tamaños. Dentro de sus funciones principales están: los buenos oficios, la mediación o facilitación dado un compromiso político. Sus mandatos por lo general abarcan un período de seis meses y el Consejo de Seguridad, a través del análisis de reportes provistos por el secretario general, revisa su continuación, terminación o posible modificación. De esta forma, cumple un rol activo en el seguimiento del cumplimiento de las tareas y los objetivos de la misión.

Sin embargo, tienen mayores restricciones presupuestales que las operaciones de mantenimiento de paz, por lo que se limita su capacidad para reaccionar a las crisis de forma rápida, y no deben verse como la solución definitiva para una controversia. En efecto, pueden tener obstáculos operativos relacionados con la dotación personal y no reciben la misma cantidad de recursos dado que sus fondos provienen del presupuesto regular de la ONU (Kugel, 2011).

En el caso colombiano, es importante tener presente que en el “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” firmado el 26 de agosto de 2012 entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP se estableció una agenda con puntos específicos. El sexto de estos puntos corresponde a la implementación, verificación y refrendación, que involucra mecanismos para darle cumplimiento donde se resaltan las comisiones de seguimiento y verificación y el acompañamiento internacional, buscando tener un mecanismo tripartito.

Resultan significativas, así, las cartas idénticas presentadas por el Gobierno de Colombia y las FARC-EP el 19 de enero de 2016 al secretario general y al presidente del Consejo de Seguridad, con la solicitud de la participación de la ONU en la vigilancia y verificación del acuerdo del cese al fuego y de las hostilidades bilateral y definitivo, al igual que la dejación de armas (Naciones Unidas, 2016a).

Ante esta solicitud, el Consejo de Seguridad aprobó, mediante la Resolución 2261, la participación de la ONU con una misión política por un período de doce meses como componente internacional y coordinadora del mecanismo tripartito para el proceso de paz. Esta misión estará integrada por observadores internacionales desarmados en su mayoría de los Estados miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, y cumplirá el mandato solicitado por el Gobierno de Colombia y las FARC-EP (Naciones Unidas, 2016b).

Se estableció que el secretario general deberá informar al Consejo de Seguridad sobre el cumplimiento del mandato de la misión cada 90 días a partir del comienzo de actividades de vigilancia y verificación, y después de la terminación de la misma (Naciones Unidas, 2016b). Adicionalmente, la Misión estará cerca de las zonas de concentración donde se establezcan los miembros de las FARC-EP y, ante una violación del acuerdo, deberá concluir si en efecto ocurrió, reportarla y dar recomendaciones para evitar que se repita. (Isacson, 2016).

Teniendo en cuenta que en 1997 se llevó a cabo una misión política similar en Guatemala llamada MINUGUA, se expondrá con el fin de analizar cómo se desarrolló y qué tan efectiva fue. Desde 1960 Guatemala padecía un conflicto interno que hasta 1996 había causado, aproximadamente, doscientas mil muertes y un millón de desplazados internos.[2] En 1994, las partes del conflicto: la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el Gobierno de Guatemala se reunieron en México para adelantar negociaciones de paz, donde también acordaron invitar a la ONU para monitorear el proceso de negociaciones y verificar cualquier pacto que se realizara (Ross, 2015).

El 20 de enero de 1997 el Consejo de Seguridad de la ONU, mediante la Resolución 1094, dispuso 155 militares observadores y personal médico por un período de tres meses para vigilar la implementación del “Acuerdo sobre el cese del fuego definitivo entre el Gobierno guatemalteco y la URNG” firmado en Oslo el 4 de diciembre de 1996. Por otro lado, Kofi Annan, en ese momento secretario general de la ONU, nombró a Jean Arnault[3] como representante especial y cabeza de MINUGUA en enero de 1997 (Ross, 2015). Cabe resaltar que Arnault fue escogido como jefe de la misión de la ONU que se inició en Colombia el 9 de marzo de 2016 (Centro de Noticias ONU, 2016).

Los requisitos de verificación que la misión de la ONU debió revisar, establecidos en el acuerdo mencionado en el párrafo anterior, fueron: primero, el respeto del cese al fuego por las partes; segundo, la separación y concentración de las respectivas fuerzas; tercero, el desarme y la desmovilización de los excombatientes de la URNG. Estos puntos se cumplieron con éxito y se considera que contribuyeron de forma notoria al proceso de paz en Guatemala (Naciones Unidas, 1997). A continuación se expone lo más representativo de cada uno.

Con respecto al primero, es de destacar que existía un cese al fuego informal entre las partes desde el 19 de marzo de 1996.[4] Por su parte, el cese al fuego oficial según el Acuerdo establecía que comenzaría cuando el grupo de observadores militares de la ONU estuviera preparado para asumir sus funciones. Para tal efecto, los observadores militares se desplazaron a seis centros de verificación establecidos para supervisar los ocho puntos de concentración de la URNG que se habían determinado (Naciones Unidas, 1997).

El segundo se realizó con la creación de dos zonas concéntricas alrededor de cada punto de concentración de la URNG, limitando en una la entrada del Ejército y en otra coordinando los movimientos del Ejército con el grupo de observadores militares. Además, se acordaron medidas de seguridad para el traslado de los miembros de la URNG a las zonas y el conocimiento previo de estos últimos con los observadores militares de la ONU (Naciones Unidas, 1997).

Así se logró la concentración de 2.928 efectivos de la URNG que durante su estancia en estas zonas recibieron la ayuda de una Comisión de Apoyo Logístico con el fin de brindar programas de alfabetización, atención médica y dental, y tareas de asesoramiento en formación profesional. Lo anterior fue coordinado por la misión y contó con la participación de las dos partes y representantes de la Organización de los Estados Americanos, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la Unión Europea, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Mundial de la Salud. Por otro lado, se estableció un régimen intensivo de patrullas en helicóptero y de a pie con el fin de ganar la confianza de la población y para cerciorarse del cumplimiento de las normas de las zonas (Naciones Unidas, 1997).

El tercero fue desarrollado mediante la entrega de armas a medida que los excombatientes llegaron a los puntos de concentración, almacenándolas en contenedores especiales con cerraduras de acceso para el jefe del Centro de Verificación de las Naciones Unidas y para el responsable de la URNG del campamento únicamente. Esto, acorde con que la URNG pudiera conservar sus armas hasta la desmovilización definitiva. Por su parte, la desmovilización se realizó de forma gradual desde el 15 de abril de 1997 hasta el 2 de mayo de 1997. Para darle mayor efectividad a esta, se construyeron refugios para proporcionar alojamiento e infraestructura para desarrollar proyectos de formación profesional y de reintegración a excombatientes que no pudieran regresar a su lugar de origen (Naciones Unidas, 1997). Finalmente, aunque no estaba establecido en el Acuerdo, se removieron los campos minados con la ayuda de la URNG, para la localización y remoción, y del Gobierno y el grupo de observadores militares, para el apoyo necesario en la operación (Naciones Unidas, 1997).

Aunque como misión política la participación de la ONU en el posconflicto colombiano pueda tener restricciones presupuestales y de personal, sí puede ser efectiva para el avance en la consolidación del proceso de paz. La participación de un organismo internacional como la ONU no solo puede brindar confianza a las partes y a la población civil, sino también experiencia para obtener buenos resultados de una operación de este tipo. En efecto, la continua revisión de la misión por parte del secretario general y la determinación de un mandato claro pueden hacerla más eficiente y eficaz. Además, como se observó en el caso de Guatemala, los observadores militares pueden actuar como parte imparcial capaz de dar soluciones efectivas a sus disposiciones designadas y de atraer mayor participación internacional para obtener ayuda en forma de recursos y conocimiento.

[1] Alischa Kugel es jefe de programa en el Centro de Cooperación Internacional (CIC) y Coordinadora de Proyectos para las series de revisión de misiones políticas.

[2] Para comparar estas cifras con Colombia, se tiene que desde 1958 hasta 2012 el conflicto armado ha causado 218.094 muertes en Colombia y 5’712.506 víctimas de desplazamiento interno (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2016).

[3] Jean Arnault es un diplomático francés especializado en acuerdos de paz y mediación, con una extensa trayectoria en Naciones Unidas. Entre sus trabajos más representativos está la moderación del proceso de paz en Guatemala y la dirección de operaciones en Georgia y Afganistán. Recientemente ha trabajado cerca de los equipos de negociación del gobierno colombiano y las FARC-EP en las conversaciones de paz que se han llevado a cabo en La Habana, Cuba (Centro de Noticias ONU, 2016).

[4] Dentro del proceso de paz colombiano, el 20 de julio de 2015 las FARC-EP decretaron un cese del fuego unilateral. Al 23 de marzo de 2016 se consideró que la medida se mantenía con buenos balances. Sin embargo, según el Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto Armado, entre el 21 de abril y el 20 de mayo de 2016, se realizaron tres acciones violentas por parte de este grupo (CERAC, 2016).

[5]Según Juan Manuel Santos, se podrían calcular alrededor de los 17.000 desmovilizados con motivo del proceso de paz con las FARC-EP (Vanguardia, 2016). En este sentido, resulta comprensible que se haya determinado un plazo mayor para esta misión.


Referencias

Centro de Noticias ONU (9 de marzo de 2016). La ONU nombra a Jean Arnault como director de su misión en Colombia. Recuperado de http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=34614#.V0OQPJHhBdg.

El Espectador (25 de enero de 2016 ). El discurso de la canciller Holguín ante la ONU. El Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/el-discurso-de-canciller-holguin-onu-articulo-612741.

El Tiempo (25 de febrero de 2016). Ahora vamos de la mano de la ONU hacia el fin de esta guerra: Santos. El Tiempo. Recuperado de http://m.eltiempo.com/politica/gobierno/ahora-vamos-de-la-mano-de-la-onu-hacia-el-fin-de-esta-guerra-santos/16491899/1

Isacson, A. (22 de marzo de 2016). The UN Verification Mission’s Essential Role in Colombia’s Long-Awaited Ceasefire. Recuperado de http://colombiapeace.org/2016/03/22/the-un-verification-missions-essential-role-in-colombias-long-awaited-ceasefire/.

Koops, The Oxford Handbook of United Nations Peacekeeping Operations (pp. 555-561). Oxford: Oxford University Press.

Kugel, A. (2011). No helmets, just suits. Political missions as an instrument of the UN Security Council. Berlín: Friedrich Ebert Stiftung.

Naciones Unidas (1997). Informe del Secretario General sobre el grupo de observadores militares anexo a la MINUGUA. Nueva York: Naciones Unidas.

Naciones Unidas (2016a). Cartas Idénticas de fecha 19 de enero de 2016 dirigidas al Secretario General y al Presidente del Consejo de Seguridad por la Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas. Nueva York: Naciones Unidas.

Naciones Unidas (2016b). Resolución 2261 (2016). S/RES/2261 (2016). Nueva York: Naciones Unidas.

Ross, A. (2015). United Nations Verification Mission in Guatemala (MINUGUA). En M. T.

Vanguardia (15 de marzo de 2016 ). 17 mil desmovilizados dejaría el proceso de paz con las Farc. Vanguardia. Recuperado de http://www.vanguardia.com/colombia/351180-17-mil-desmovilizados-dejaria-el-proceso-de-paz-con-las-farc


Mateo Quijano Realpe
Estudiante
Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales
mateo.quijano@est.uexternado.edu.co

Zero Impresa Edición 34
ISSN electrónico: 2344-8431
ISSN impreso: 0123-8779

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