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La lucha contra el cambio climático: entre esperanzas y limitaciones

October 6, 2016

Con el paso del tiempo los actores dentro del sistema internacional han ido modificando su posición frente al cambio climático. Este tema ha evolucionado hasta convertirse en primordial dentro de los asuntos tanto internos como externos de los países. De esta forma, las Naciones Unidas han tratado de liderar el desarrollo de políticas amigables con el medio ambiente para mitigar los estragos que ha dejado el hombre con los abusos en la utilización y explotación de los recursos. El petróleo y el carbón podrían ser dos claros ejemplos de cómo Estados Unidos y China han crecido industrial y económicamente tras el elevado uso de estos recursos, aun a costa del detrimento del medio ambiente.

En este punto es importante destacar los evidentes cambios que ha sufrido el planeta como consecuencia de estas prácticas:

De acuerdo con el Quinto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el cambio climático, en el periodo que comprende de 1880 a 2012 la temperatura mundial promedio aumentó 0.85 grados Celsius; la de los océanos se elevó en 0.11 grados Celsius y el nivel del mar subió 0.19 metros (Bernal & Díaz, 2015, p. 2).

Estos cambios pueden alterar el ciclo natural de las precipitaciones y poner en riesgo la seguridad alimentaria del mundo, como también se menciona en el anterior artículo citado. Ahora bien, dado que los cambios han sido alarmantes y la afectación a la seguridad de millones de personas se ve amenazada, las Naciones Unidas han ido tomando una serie de decisiones con el objetivo de concienciar al mundo de las secuelas que podrían dejarse de seguir por el mismo camino. El crecimiento económico a corto plazo no puede ser lo único, pues carece de sentido si va acompañado de políticas insostenibles que atentan contra la vida misma de las personas y de las futuras generaciones.

“Según el Informe Stern sobre la economía del cambio climático, los costos totales del fenómeno serán equivalentes a la pérdida de al menos 5 % del PIB mundial y los riesgos e impactos podrían aumentar esta cifra al 20 % o más” (Bernal & Díaz, 2015, pp. 2-3). Al respecto, es de destacar el rol que ha desempeñado la ONU dentro de esta problemática internacional. Entre algunos de los ejemplos que permitirían evidenciar lo anterior están el Protocolo de Kioto (1997) y el reciente Acuerdo de París (2015).

Frente al protocolo de Kioto se debe mencionar que, desde que entró en vigor en 2005, las acciones llevadas a cabo para mitigar y frenar los gases de efecto invernadero (GEI) no han tenido la suficiente eficiencia para mejorar la situación climática, dado que el nivel de emisiones fue aumentando de manera paulatina, como se puede observar en la siguiente gráfica, es decir que el impacto real de dicho protocolo no surtió casi ningún efecto en el corto plazo.

Gráfica 1. Emisiones de CO2 después de implementar el protocolo de Kioto (Eje Vertical: Kilo-toneladas)

Fuente: Banco Mundial (2015)

Si bien la implementación del Protocolo de Kioto no redujo ni estabilizó las emisiones de CO2 desde que entró en vigor, sí logró que al menos los dos países con mayores emisiones de estos gases, Estados Unidos y China, empezaran desde ese entonces a crear políticas para transformar su esquema energético en el largo plazo. Además, hay que referir el hecho de que las economías en general dependen mucho de la explotación de energías no renovables[1]. Tal vez es por este motivo que ha sido tan difícil para las Naciones Unidas lograr un consenso entre los países en cuanto al cambio climático.

Protocolo de Kioto: ¿Un verdadero compromiso para los gigantes?

China ha sido uno de los países con mayor crecimiento tanto económico como demográfico en los últimos años y esto ha causado el incremento de la demanda de energía en este país conforme se ha ido industrializando. Para China es muy difícil lograr un impacto real y a corto plazo, dado que es una economía que depende en gran medida de la explotación del carbón; de hecho, según Roberto Pirón (2011) el consumo del carbón para el año 2006 en China suponía cerca del 70 % del consumo energético. Además, esta dinámica se replica alrededor de todo el mundo, puesto que en la actualidad son muy pocas las economías basadas en energías renovables.

Los efectos del cambio climático han conducido a que China intente cambiar de mentalidad principalmente por tres aspectos, como lo son:

El primer punto tiene como base el fuerte crecimiento industrial. Este hecho lleva consigo una transformación de las fuentes energéticas. Si bien el carbón podría seguir siendo una fuente de energía para los próximos 20 o 30 años, su explotación y sobre todo, la expulsión de gases de efecto invernadero suponen un duro reto para China. El segundo elemento viene representado por los cambios sociales y tecnológicos en la sociedad china. El tercer elemento que provoca que se esté produciendo esta transformación es político. El ajuste del aparato de seguridad energética supone un cambio en la forma de actuar de China (Pirón, 2011, pp. 38-39).

En cuanto a Estados Unidos, entre los cambios que ha implementado después de entrar en vigor el Protocolo de Kioto se puede señalar que, además de llevarse a cabo una verdadera revolución energética:

[E]sta no se ha limitado a un solo combustible o a una tecnología. En 2011, el gas natural superó al carbón como la principal fuente de energía producida en el país. La cantidad de electricidad generada a partir de fuentes renovables de vanguardia —energía eólica, solar y geotérmica— se ha duplicado desde 2008. Por otra parte, las innovaciones tecnológicas han hecho que los vehículos de motor estadounidenses tengan un consumo más eficiente de combustible: el consumo de petróleo del país se ha reducido en casi un 10 % desde 2005, y se ha revertido lo que parecía ser una interminable tendencia al alza (Levi, 2013, párr. 2).

Si bien es cierto que tanto China como Estados Unidos se están esforzando por cambiar sus políticas energéticas, estas han sido insuficientes para frenar el fenómeno climático.

De Kioto a París, ¿qué ha cambiado?

Ahora bien, es importante analizar el último acuerdo con respecto al cambio climático firmado en París en el 2015 y comparar si ha habido un cambio en la actitud de los países para mitigar este fenómeno. Si bien no se puede negar que han habido cambios, estos han sido insuficientes y por esta razón las Naciones Unidas se han visto en la necesidad de impulsar nuevos acuerdos cuyos compromisos sean más vinculantes para sus Estados miembros. Sin embargo, cabe recordar que este implementa ciertas normas que, desde un punto de vista del interés nacional, afectan en gran medida al crecimiento económico de los países en vía de desarrollo.

El objetivo principal señalado en la COP 21 establece en el segundo artículo que se debe “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales” (Naciones Unidas, 2015, p. 24).

Para llevar a cabo este cambio, los países desde mediados del 2015 empezaron a presentar una serie de cuotas traducidas en emisiones que ellos mismos se comprometieron a cumplir; sin embargo, “hasta agosto de 2015, con las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional presentadas solo se había cubierto el 63 % de lo que es necesario para enfrentar el cambio climático” (Bernal & Díaz, 2015, p. 5).

Teniendo en cuenta los aspectos generales de dicho acuerdo, la siguiente tabla recoge los principales artículos que permiten comprender de una forma más clara el acuerdo alcanzado en París y que fue firmado por 175 países el 22 de abril de 2016:

Tabla 1. Principales artículos del Acuerdo de Parístabla-1

Sin embargo, se debe recordar que:

Para la entrada en vigor del Acuerdo de París se necesita la ratificación de al menos 55 países que produzcan en conjunto el 55 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. El alcance de esa meta estaría más cerca si Estados Unidos y China ratificaran el acuerdo, ya que son responsables de casi un 40 % de las emisiones contaminantes (Naciones Unidas, 2016).

Tal como lo señala el Centro de Noticias de las Naciones Unidas (2016), a hoy ni Estados Unidos ni China han ratificado el acuerdo, paradójicamente los países donde las emisiones no son tan significativas ya ratificaron este acuerdo, como lo son Fiyi, Granada, Maldivas, Palestina, Santa Lucía, entre otros.

Por otro lado, resulta interesante analizar el hecho de que el daño frente al clima ya está hecho y que es casi imposible que las condiciones vuelvan a su estado natural, de este modo la responsabilidad recae, en mayor medida, sobre los países desarrollados, puesto que para llegar a dicho nivel económico y social han tenido que pasar por una excesiva industrialización y esto está muy ligado a las emisiones de GEI.

Compromiso de las potencias

Es impactante reflexionar sobre cómo, de manera indirecta, estos países están trasladando su responsabilidad. A manera de conclusión se puede afirmar que, si bien es cierto que la solución frente al cambio climático depende de una acción colectiva, también es cierto que se está siendo injusto con los países en vía de desarrollo porque se los está limitando a una economía dependiente de un gran desarrollo industrial.

A lo largo del artículo se presentaron dos intervenciones claras de la ONU frente a este tema. No obstante, sin la participación de los verdaderos causantes de este problema, Estados Unidos y China, un cambio real en el clima no se materializará ni tampoco si este se basa en limitaciones económicas para los países poco influyentes, por ello se habla de una esperanza mundial pero a costas de países en vías de desarrollo.

[1] “Las energías no renovables son las que tienen un carácter limitado en el tiempo, ya que su consumo implica su desaparición sin posibilidad de renovación. Ejemplo: carbón, petróleo” (Icarito, 2009).


Referencias

Banco Mundial. (2015). Emisiones de CO2 kt. Recuperado de http://datos.bancomundial.org/indicador/EN.ATM.CO2E.KT/countries/1W?display=graph

Bernal, B. B., & Díaz, S. A. (2015). El cambio climático y sus 2 décadas de claroscuros. COP 21: Última Oportunidad.

Icarito (2009). Energías no renovables. Recuperado de http://www.icarito.cl/2009/12/74-2085-9-energias-no-renovables.shtml/.

Levi, M. (Noviembre de 2013). La oportunidad energética de Estados Unidos. Recuperado de http://revistafal.com/la-oportunidad-energetica-de-estados-unidos-2/

Naciones Unidas (2015). Convención Marco sobre el Cambio Climático. Aprobación del Acuerdo de París. Recuperado de http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/spa/l09r01s.pdf.

Naciones Unidas (22 de abril de 2016). En una jornada histórica, 175 países firman el Acuerdo de París. Centro de Noticias ONU. Recuperado de http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=34936#.Vz0NoZHhDIV

Pirón, R. B. (2011). Un análisis de la diplomacia energética de China: entre la dependencia y la competencia. Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores-Escuela diplomática.


Gustavo Emmanuel Paz Revelo
Estudiante
Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales
gustavo.paz01@est.uexternado.edu.co

Zero Impresa Edición 34
ISSN electrónico: 2344-8431
ISSN impreso: 0123-8779

 

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